Hacia un Parto y Nacimiento Respetado
Desde ya hace un tiempo muchos de los profesionales médicos que asisten partos vienen trabajando y orientando su práctica hacia lo que hoy se difunde como un “Parto Respetado y Humanizado”.
Humanizado en términos de valorar mucho más todas las emociones que suscita el dar a luz, recibir un hijo, en una mujer y en la familia entera. Valorarlas mucho más, no porque no lo hacían antes, pero muchas veces sucede que después de muchos años de profesión y formación, médicos e instituciones centran la mirada en las prácticas médicas rutinarias soslayando a quien es protagonista en ese momento: la mujer que está pariendo y quien está naciendo.
La ley 25.929 acerca de los Derechos del Parto y del Nacimiento no contempla sólo esos dos cuerpos que se dividen en el instante del nacimiento, sino los seres humanos que viven esa experiencia imborrable y única.
Esta ley se encuentra en vigencia desde noviembre de 2004 y exige ser aplicada tanto en ambientes públicos como privados de todo el territorio nacional. Con ella se promueve el trato respetado hacia la paciente durante su embarazo, en el momento del parto y durante el período de puerperio.
El primer derecho que se acentúa es el derecho a la información. La mujer debe ser informada sobre las intervenciones médicas que se le realizarán durante el tiempo de espera de su bebé como al momento del nacimiento. Sólo una persona informada podrá luego elegir libremente, preguntar y repreguntar, tomarse su tiempo para decidir y si lo quiere, armar su plan de parto.
¿Qué quiere decir esto? ¿Qué significa que se pueda armar un plan de parto? Pensar con el suficiente tiempo qué clase de parto te gustaría vivir.
Y para eso no estás sola. El equipo médico que elegiste te tiene que acompañar en esta aventura. Es fundamental confiar en ellos, establecer un vínculo respetuoso donde te sientas escuchada, donde puedas hacer propuestas y te puedas también, dejar guiar por ellos. Conjuntamente buscarán los recursos posibles, las alternativas existentes para que puedas vivir ese momento sin traumas, sin exigencias inútiles, sin invasiones farmacológicas innecesarias.
Como el embarazo y el parto no se tratan de una enfermedad, vos tenés el derecho a participar preguntando y decidiendo, a excepción que alguna complicación requiera una maniobra o práctica por parte del médico exclusivamente.
Así como elegís el equipo médico que te pueda acompañar, la ley también menciona tu derecho a elegir en qué posición querés parir. No todas las mujeres prefieren parir acostadas boca arriba en la camilla de partos, algunas deciden hacerlo en cuclillas, sentadas en el sillón o banco de parto, colgadas del cuello de su pareja o de quien decidan las acompañe, porque este también es otro de los derechos: estar acompañada en todo momento.
Toda mujer puede esperar sin anestesia y sin estimulación exógena (oxitocina) que su bebé nazca cuando él esté listo, cuando su cuerpo haya hecho el trabajo necesario apelando a su propia estimulación.
El tiempo es un elemento a considerar en un “plan de parto”. Cada cuerpo es único, cada mujer es única y va a ser único cada parto. Por eso no se puede predeterminar cuánto tiempo te llevará todo el proceso de trabajo de parto. Seguro no es el mismo tiempo de la institución, ni del médico. Ese tiempo sólo lo controlan tu bebé en sus esfuerzos por nacer y tu propio cuerpo. ¡Olvidate del reloj!!!
En los Talleres de Preparación para el Parto y la Maternidad –como me gusta llamarlos- y que realizamos en “Entre Dos”, no sólo te ofrecemos ejercicios físicos y de relajación, o charlas sobre los primeros cuidados del bebé, sino que también te informamos sobre los derechos con que cuenta una mujer al momento del embarazo, del parto y del pos parto.
Mientras trabajamos el cuerpo, cada mamá va descubriendo sus posibilidades, sus límites, los movimientos que la alivian, posiciones que la relajan. Aquello que va a utilizar como recursos para transitar el trabajo de parto. Podés bailar, gritar, llorar, caminar, hacerte masajear, darte un baño de inmersión hasta que llegue el momento de encontrarte cara a cara con tu bebé. Un “parto respetado” también es eso. No sólo que respeten la exteriorización de las emociones, que facilita el parto y el descenso del bebé, sino también que vos respetes tu cuerpo, que confíes en él. Seguro que en un ambiente cálido, de intimidad, con la música que podés llevar para concentrarte y buscar la relajación, todo llegará a su tiempo justo.
Una vez producido ese “mágico encuentro” de miradas…sostenerlo, abrazarlo y acunarlo también es un derecho para ambos. El bebé al nacer debe estar con su mamá, siempre que estén dadas las condiciones. Necesita el calor de mamá, de su voz, de su olor, sentir su respiración y latido de su corazón y de su pecho. El comienzo de la lactancia temprana es otro de los puntos que hacen a la atención respetuosa. Él buscará tu pezón si se lo acercás a los pocos momentos de nacer, no por hambre, sí para procurarse placer y restablecer el contacto con vos.
Planificar cómo vas a darle la bienvenida a tu bebé es uno de los mejores regalos que le podés hacer. Prepararle un escenario cálido, donde no lo invadan porque sí manos y voces extrañas, donde pueda descansar en vos después de un largo viaje, es un derecho fundamental para vos y para él.
Lic. Daniela Pesce
Lic en Psicología – Coordinadora de Entre Dos, espacio que te acompaña durante el embarazo, el parto, el puerperio y la crianza.